Se consolida la caída del volumen y la necesidad de adaptación

El mercado mundial del vino no atraviesa una simple mala cosecha ni una pausa pasajera del consumo. Los datos de 2025 describen un ajuste más profundo: disminuye la superficie vitícola, la producción permanece muy por debajo de sus niveles habituales, el consumo retrocede en la mayoría de los grandes mercados y el comercio internacional se enfrenta a una demanda débil y a una mayor incertidumbre arancelaria.

La paradoja es que estas fuerzas no están provocando, por ahora, un desequilibrio generalizado. La escasez relativa de las tres últimas cosechas ha limitado la acumulación de existencias justo cuando se bebe menos vino. El mercado conserva así cierto equilibrio, pero no necesariamente comodidad: viticultores, bodegas y distribuidores deben producir y vender en un escenario más competitivo, volátil y selectivo.

El mercado del vino en 2025, resumido en seis cifras

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) publicó en mayo de 2026 sus primeras estimaciones completas correspondientes a 2025. Estas son las principales magnitudes:

Indicador mundialResultado en 2025Variación respecto a 2024
Superficie vitícola7,034 millones de hectáreas−0,8 %
Producción de vino227 millones de hectolitros+0,6 %
Consumo de vino208 millones de hectolitros−2,7 %
Exportaciones en volumen94,8 millones de hectolitros−4,7 %
Exportaciones en valor33.800 millones de euros−6,7 %
Precio medio de exportación3,56 €/litro−2,1 %

La lectura correcta no consiste en observar cada cifra por separado. La superficie mundial disminuye por sexto año consecutivo; la producción apenas rebota desde el mínimo de 2024 y continúa un 9,4 % por debajo de la media de los cinco años anteriores; y el consumo acumula una reducción del 14 % desde 2018. No son, por tanto, movimientos aislados de una sola campaña. Informe mundial de la OIV 2025.

Conviene añadir dos matices metodológicos. La superficie vitícola incluye viñas destinadas a vino, uva de mesa y pasificación, además de plantaciones jóvenes todavía improductivas. Por su parte, el consumo nacional se calcula fundamentalmente como consumo aparente —producción más importaciones, menos exportaciones y variaciones de existencias—, por lo que no equivale exactamente a las botellas compradas o bebidas durante el año.

Mercado mundial del Vino 2026

Primera tendencia: el viñedo mundial continúa reduciéndose

La superficie mundial de viñedo quedó en 7,034 millones de hectáreas, un 0,8 % menos que en 2024. Es el sexto descenso anual consecutivo y confirma un proceso de ajuste iniciado en 2020.

La Unión Europea conserva aproximadamente el 45 % de la superficie vitícola mundial, pero perdió un 1,6 % en 2025. Los arranques se concentraron especialmente en Francia y, en menor medida, en España. También continuaron las reducciones en California, Argentina y Chile, cuyo viñedo se ha contraído un 27 % desde 2019. Frente a ellas aparecen excepciones como Brasil o India, aunque buena parte de su superficie se destina también a uva de mesa.

Esta reducción tiene varias explicaciones posibles. En unos territorios responde a programas de arranque y reestructuración; en otros, a la baja rentabilidad de determinadas explotaciones, la escasez de agua, el envejecimiento de los viticultores o la dificultad para encontrar relevo generacional. El clima influye, pero atribuir todos los arranques al cambio climático sería simplificar en exceso un fenómeno económico, agrario y social.

La consecuencia más importante es que el sector está reduciendo capacidad productiva al mismo tiempo que la meteorología vuelve las cosechas más variables. Una hectárea arrancada no reaparece cuando mejora la demanda, y una plantación nueva necesita varios años para alcanzar plena producción.

Segunda tendencia: tres cosechas escasas no significan falta de vino

La producción mundial alcanzó aproximadamente 227 millones de hectolitros, solo un 0,6 % más que en 2024 y un 9,4 % por debajo del promedio de los cinco años anteriores. Fue la tercera cosecha mundial reducida de manera consecutiva.

Heladas tempranas, lluvias excesivas, sequías prolongadas, olas de calor y presión de enfermedades afectaron de manera muy desigual a los viñedos. Mientras Italia produjo 44,4 millones de hectolitros y se aproximó a sus resultados recientes, Francia permaneció en 36,1 millones y España bajó hasta 28,7 millones. En el hemisferio sur, Sudáfrica y Nueva Zelanda se recuperaron, mientras Chile volvió a descender. Datos de producción de la OIV.

Estas cifras muestran que ya no resulta muy útil hablar de una única “cosecha mundial”. El mismo año puede combinar sequía en una región, exceso de lluvia en otra y condiciones casi normales en una tercera. La volatilidad climática actúa sobre un mercado que, además, adapta voluntariamente parte de su producción a una demanda más débil.

Tampoco debe deducirse que 227 millones de hectolitros sean insuficientes. La diferencia entre producción y consumo fue de unos 18,7 millones de hectolitros, pero la OIV calcula que los usos industriales —destilación, vinagre, derivados del vino y bebidas espirituosas— absorben de media alrededor de 30 millones de hectolitros anuales. El balance global permanece, por tanto, razonablemente contenido.

Tercera tendencia: el descenso del consumo es cada vez más estructural

El consumo mundial se estimó en 208 millones de hectolitros, un 2,7 % menos que en 2024. Nueve de los diez mayores mercados redujeron su volumen y el descenso acumulado desde 2018 alcanza el 14 %.

La inflación, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre económica ayudan a explicar el dato reciente, pero no bastan para entender la trayectoria completa. En los mercados maduros también están cambiando las ocasiones de consumo, la relación de las nuevas generaciones con el alcohol, las preferencias por otras bebidas y la atención social y sanitaria prestada a la moderación.

Tres países han tenido un peso especialmente importante en la caída:

  • China ha perdido alrededor de dos millones de hectolitros anuales de consumo desde 2018.
  • Francia mantiene una tendencia descendente iniciada hace décadas.
  • Estados Unidos, todavía primer consumidor mundial, ha experimentado una marcada desaceleración reciente.

En 2025, Estados Unidos consumió 31,9 millones de hectolitros; Francia, 22 millones; e Italia, 20,2 millones. España descendió hasta 9,4 millones. Las excepciones existieron: Portugal alcanzó 5,6 millones de hectolitros, Brasil 4,4 millones y Japón 3,3 millones. No obstante, algunas variaciones anuales elevadas pueden estar afectadas por movimientos de existencias, precisamente porque se trata de consumo aparente. Metodología y consumo por países de la OIV.

La conclusión no es que “ya no interese el vino”, sino que su demanda se está fragmentando. Se consume de manera distinta según país, edad, canal, precio, estilo y ocasión. Un descenso del volumen total puede coexistir con categorías, territorios o formatos que ganan cuota.

Cuarta tendencia: el comercio sigue siendo esencial, pero se vuelve más frágil

Las exportaciones mundiales cayeron hasta 94,8 millones de hectolitros, un 4,7 % menos que en 2024. Su valor descendió un 6,7 %, hasta 33.800 millones de euros.

La contracción responde a la combinación de menor demanda, movimientos de divisas, escasa disponibilidad en algunos orígenes y mayor incertidumbre comercial, especialmente alrededor de las políticas arancelarias de Estados Unidos. Diez de los doce principales exportadores redujeron volumen; Portugal y Nueva Zelanda fueron las principales excepciones.

Aun así, el vino continúa siendo una bebida extraordinariamente internacionalizada: alrededor del 46 % del consumo mundial corresponde a vino producido en otro país. Dicho de otra manera, casi una de cada dos botellas cruza una frontera antes de llegar al consumidor. Una alteración arancelaria o logística en un gran mercado puede propagarse rápidamente desde el importador hasta la bodega y, finalmente, hasta el precio pagado por la uva. Comunicado de la OIV.

El precio medio mundial de exportación bajó a 3,56 euros por litro. Fue su primer descenso desde 2020, aunque todavía se situó un 24 % por encima del periodo anterior a la pandemia. Esto impide resumir 2025 con el eslogan “se bebe menos, pero mejor”: el valor sigue alto en términos históricos, pero tanto el precio medio como el valor comercial retrocedieron durante el año.

Quinta tendencia: no todos los vinos resistieron igual

El vino embotellado en recipientes inferiores a dos litros representó el 51,1 % del volumen exportado y el 66,4 % del valor. Sin embargo, sus ventas descendieron un 5,7 % en volumen y un 8,9 % en valor.

Los espumosos también retrocedieron, pero algo menos en volumen: un 2,7 %, frente al 6,1 % de caída en valor. Con solo el 11,2 % de los litros exportados, generaron el 24,3 % del valor. No puede afirmarse que crecieran en 2025, pero sí que mostraron una resistencia relativa superior a la del vino embotellado tranquilo.

El granel aportó el 34 % del volumen y únicamente el 7,3 % del valor, con un precio medio de 0,75 euros por litro. El bag-in-box ocupó una proporción mucho menor: el 3,6 % del volumen y el 2 % del valor.

Estas diferencias recuerdan que “mercado del vino” reúne negocios muy distintos. Una bodega de espumosos, un productor de vino a granel y una pequeña elaboración de parcela no compiten con el mismo producto, margen ni consumidor, aunque todos aparezcan dentro de la misma estadística.

¿Qué revela el informe sobre el vino español?

España mantuvo en 2025 la mayor superficie vitícola del mundo, con 919.000 hectáreas, pese a perder unas 12.000 respecto al año anterior. Representaba el 13,1 % del viñedo mundial.

Su producción bajó un 7,7 %, hasta 28,7 millones de hectolitros, y quedó un 16,6 % por debajo de la media de los cinco años precedentes. España conservó la tercera posición mundial, por detrás de Italia y Francia, pero la combinación de sequía y reducción de superficie limitó la recuperación.

El consumo interior descendió un 5,2 %, hasta 9,4 millones de hectolitros. Aunque España es una potencia productora, solo absorbió alrededor del 4,5 % del consumo mundial. Esta diferencia ayuda a comprender por qué la exportación resulta decisiva para su equilibrio sectorial.

Mucho volumen exportado, pero un valor todavía condicionado por la venta a granel

España fue el segundo exportador mundial por volumen, con 19,6 millones de hectolitros, y obtuvo 2.977 millones de euros. Las exportaciones cayeron un 2,2 % en litros y un 3,9 % en valor.

La composición explica buena parte del resultado:

  • El granel representó el 57 % del volumen exportado, pero solo el 19 % del valor. Aumentó un 1,2 % en volumen y un 5,9 % en valor.
  • El vino embotellado aportó el 32 % del volumen y el 60 % del valor, aunque perdió un 7,3 % de litros.
  • Los espumosos supusieron el 8 % del volumen y el 17 % del valor, con descensos del 10,8 % y del 7,5 %, respectivamente.

El reto español no consiste sencillamente en abandonar el granel, que cumple funciones comerciales legítimas y puede ser competitivo. Consiste en ampliar el valor generado por cada parte de la producción: mejorar diferenciación, estabilidad contractual, reconocimiento de origen y capacidad para llegar al consumidor final.

La diversidad española ofrece herramientas para ello. Tempranillo, Airén, Garnacha, Macabeo o Viura, Verdejo y Albariño permiten construir estilos y posiciones comerciales diferentes. Del mismo modo, territorios como la DOCa Rioja, la DO Cava, la DO Rueda o la DO Rías Baixas responden a segmentos distintos. La variedad, sin embargo, no vende por generación espontánea: necesita un estilo comprensible, distribución y una propuesta de valor reconocible.

Qué puede cambiar para viñedos, bodegas y consumidores

Para el viticultor

Una demanda más débil puede aumentar la presión sobre las parcelas con menor rentabilidad, sobre todo si coinciden bajos rendimientos, costes crecientes y poca capacidad de negociación. La adaptación climática, los sistemas de conducción, la elección de material vegetal y la disponibilidad de agua serán importantes, pero deberán integrarse con una pregunta económica: ¿qué uva necesita realmente el mercado?

Para las bodegas

La prioridad será ajustar existencias y producción sin perder capacidad futura. También será necesario diversificar mercados, canales y ocasiones de consumo. La premiumización puede funcionar en determinados segmentos, pero no es una receta universal: elevar precio sin aumentar valor percibido suele ser una manera muy refinada de dejar la botella en la estantería.

Los formatos alternativos, los espumosos, los vinos blancos, las elaboraciones con menor graduación y las presentaciones adaptadas a consumos ocasionales merecen atención, aunque el informe de la OIV no permite afirmar que todas estas categorías estén creciendo globalmente.

Para denominaciones y territorios

Las denominaciones pueden reforzar el origen, la trazabilidad y la comprensión de sus estilos. Pero la diferenciación no debería descansar solo en proclamar singularidad; debe ayudar al consumidor a entender qué encontrará en la copa, por qué ese vino procede de un lugar concreto y en qué ocasión puede disfrutarlo.

Para el consumidor

La baja producción no anuncia una escasez general de vino. La moderación del consumo y la existencia de diferentes canales y categorías mantienen una oferta amplia. Sí pueden cambiar los precios, la disponibilidad de determinadas añadas o el peso de algunos mercados de exportación.

Para elegir mejor conviene mirar más allá de las tendencias mundiales: origen, variedad, estilo, añada y productor continúan explicando mucho más sobre una botella concreta que la evolución del mercado agregado.

Un ajuste, no el final del mercado del vino

El informe de 2025 dibuja un sector que está reduciendo superficie y producción mientras busca adaptarse a una demanda menor y más fragmentada. El comercio conserva un peso extraordinario, pero su dependencia de grandes mercados lo hace vulnerable a aranceles, divisas y cambios económicos.

Para España, poseer el viñedo más extenso del mundo y ser el segundo exportador por volumen sigue siendo una fortaleza. La dificultad está en transformar esa escala en rentabilidad sostenible para el viticultor, mayor valor comercial para las bodegas y vinos relevantes para consumidores que beben con menos frecuencia y eligen con más atención.

El futuro no dependerá únicamente de vender más botellas. Dependerá de producir una cantidad coherente con la demanda, explicar mejor la diversidad del vino y conservar los viñedos que puedan sostener económica y ambientalmente el siguiente ciclo.

Preguntas frecuentes

¿Cuál fue la principal tendencia del mercado del vino en 2025?

La principal tendencia fue una contracción simultánea del consumo y del comercio, acompañada de una producción todavía muy baja. La superficie vitícola también disminuyó por sexto año consecutivo.

¿Está el mercado mundial del vino en situación de excedente?

No puede deducirse comparando únicamente los 227 millones de hectolitros producidos con los 208 millones consumidos. Los usos industriales absorben de media alrededor de 30 millones de hectolitros anuales y también intervienen las variaciones de existencias.

¿Por qué está disminuyendo el consumo mundial?

La OIV señala una combinación de cambios estructurales en mercados maduros, nuevos hábitos sociales y generacionales, presión económica sobre los hogares, inflación e incertidumbre. El peso de cada causa varía según el país.

¿Qué país posee más superficie de viñedo?

España continuó ocupando la primera posición en 2025, con unas 919.000 hectáreas, aunque esta cifra incluye viñas destinadas a diferentes usos y plantaciones jóvenes todavía improductivas.

¿Cómo evolucionaron las exportaciones españolas?

España exportó 19,6 millones de hectolitros por valor de 2.977 millones de euros. El volumen bajó un 2,2 % y el valor un 3,9 %. El granel resistió mejor que los vinos embotellados y espumosos.

¿Crecieron los vinos espumosos en 2025?

No a escala mundial. Sus exportaciones disminuyeron un 2,7 % en volumen y un 6,1 % en valor. No obstante, su caída en volumen fue menor que la del vino embotellado, por lo que mostraron una resistencia relativa mayor.

¿Puede aumentar el valor del mercado aunque se consuma menos vino?

Sí. El valor puede aumentar por inflación, precios, premiumización o cambios en la combinación de productos aunque disminuyan los litros. Sin embargo, en el comercio internacional de 2025 descendieron tanto el volumen como el valor.

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