El viticultor que convirtió el terruño en la esencia del gran vino español

Hay elaboradores capaces de hacer vinos técnicamente impecables. Otros poseen una especial sensibilidad para reconocer un gran viñedo. Y unos pocos consiguen, además, modificar la manera en que todo un país interpreta su patrimonio vitícola. Álvaro Palacios pertenece a este último grupo.

Su trayectoria se extiende por tres territorios —Priorat, Bierzo y Rioja Oriental— y reúne vinos que han alcanzado la cima del reconocimiento internacional. Sin embargo, reducir su figura a L’Ermita, La Faraona, Quiñón de Valmira o a una colección de puntuaciones sería quedarse con la etiqueta y olvidar lo que contiene la botella.

Palacios es, ante todo, un hombre convencido de que el gran vino nace en un lugar singular. La técnica debe acompañarlo, pero no sustituirlo; la variedad debe estar adaptada al entorno, no imponerse por estar de moda; y el viticultor no es dueño absoluto de la viña, sino custodio temporal de un patrimonio recibido.

Su forma de expresarlo combina conocimientos técnicos, memoria rural, espiritualidad, intuición y una elocuencia casi torrencial. Habla del vino como quien intenta explicar algo que puede analizarse, pero no agotarse mediante el análisis. Esa mezcla de rigor y emoción ayuda a comprender tanto su personalidad como la extraordinaria influencia que ha ejercido sobre el vino español contemporáneo.

De Alfaro a Burdeos: aprender el vino antes de cuestionarlo

Álvaro Palacios nació en 1964 en Alfaro, en el seno de una familia riojana estrechamente vinculada al vino. Es el séptimo de nueve hermanos y pertenece a la quinta generación de Palacios Remondo, la bodega familiar.

Su infancia transcurrió alrededor de viñas, depósitos, barricas, clientes y vendimias. Su padre, José Palacios Remondo, entendía que los hijos debían conocer el oficio desde abajo y los incorporó pronto a distintas tareas de la bodega. Aquella educación práctica se completó con una formación internacional poco frecuente en la España vinícola de los años ochenta.

Estudió Enología en Burdeos y trabajó bajo la órbita de la familia Moueix en Château Pétrus. También pasó por Stag’s Leap Wine Cellars, en California. Ambas experiencias ampliaron su perspectiva, aunque la huella bordelesa resultó especialmente profunda: allí comprendió la importancia económica, cultural y simbólica que podían alcanzar un viñedo y un vino estrechamente identificados con su origen. Decanter

Al regresar a España se encontró con un panorama diferente. Rioja era ya una denominación prestigiosa, pero durante aquellos años buena parte del éxito empresarial se medía en volumen, marcas fuertes y número de cajas vendidas. Palacios reconoce que su familia aspiraba legítimamente a crecer, mientras que él soñaba con producir un vino excepcional a partir de una viña concreta.

No era un rechazo a Rioja ni a su familia. Era la impaciencia de un joven que había descubierto otro modo de ordenar el mundo del vino.

Priorat: una tierra pobre con un patrimonio inmenso

A finales de los años ochenta, René Barbier invitó a Álvaro Palacios a conocer Priorat. Barbier estaba unido profesional y personalmente a la familia Palacios y ya había advertido las posibilidades de aquella comarca montañosa, empobrecida y entonces casi ausente del mercado internacional.

Palacios llegó en 1989. Tenía 25 años, pocos recursos y una convicción poderosa: España conservaba lugares capaces de producir grandes vinos comparables, por su singularidad, a los de las regiones europeas más reconocidas.

Priorat reunía muchos de los elementos que buscaba: laderas abruptas, suelos de llicorella, pequeñas parcelas, viñas viejas y una larga cultura vitícola. Era también una comarca marcada por la despoblación, el abandono de viñedos y la venta de vino a granel. Donde otros podían ver atraso, Palacios vio un patrimonio que todavía estaba a tiempo de recuperarse.

Junto con René Barbier, Josep Lluís Pérez, Carles Pastrana y Daphne Glorian formó parte del grupo que impulsó el renacimiento moderno de Priorat. Durante las primeras añadas compartieron instalaciones y elaboraron un mismo vino comercializado con etiquetas diferentes. Aquella colaboración, tan insólita como decisiva, permitió concentrar recursos y proyectar conjuntamente la nueva identidad de la zona.

Palacios adquirió Finca Dofí en 1990. Tres años después elaboró la primera añada de L’Ermita, procedente de una ladera de Garnacha vieja situada sobre Gratallops. Ese vino terminó por convertirse en uno de los grandes símbolos del vino español contemporáneo y contribuyó decisivamente a que Priorat atrajera la atención internacional. Spanish Wine Lover

No se considera un “hombre de la Garnacha”

Álvaro Palacios está estrechamente asociado a la Garnacha. Es la protagonista de sus mejores vinos de Priorat y Rioja Oriental, y buena parte de su trabajo ha contribuido a devolver prestigio a una variedad que durante décadas se consideró productiva, rústica o excesivamente oxidativa.

Pero él rechaza que se le defina simplemente como “el hombre de la Garnacha”. En una de las entrevistas aportadas para este artículo lo resume con una frase reveladora:

«Yo no bebo variedades; bebo lugares».

No es un mero juego retórico. En Bierzo trabaja principalmente con Mencía porque es la variedad históricamente adaptada a Corullón. En Rioja Oriental defiende la Garnacha porque responde mejor al carácter mediterráneo, seco y luminoso de esa zona. En Priorat vuelve a encontrarla unida durante generaciones a las laderas de llicorella.

Su fidelidad no se dirige a una uva aislada, sino a la relación entre variedad, suelo, clima, orientación, altitud y cultura vitícola.

Esta convicción no estuvo presente desde el principio con la misma claridad. Palacios reconoce abiertamente que sus primeros vinos respondieron parcialmente al gusto internacional de la época. Algunas de las primeras añadas de L’Ermita incorporaron Cabernet sauvignon, una variedad entonces asociada a modernidad, estructura y prestigio.

Con el tiempo fue eliminándola. Desde 2005, L’Ermita se elabora sin Cabernet sauvignon. Él mismo interpreta esa evolución como un aprendizaje: en las regiones vitícolas históricas, las variedades tradicionales suelen poseer una afinidad con el lugar que difícilmente puede reproducir una uva introducida siguiendo una tendencia.

La genialidad, en este caso, no consistió en acertar a la primera, sino en saber rectificar.

Del enólogo al viticultor

Cuando le preguntan si se considera enólogo o viticultor, responde sin vacilar: viticultor.

La contestación puede resultar llamativa en alguien con una sólida formación enológica y una extraordinaria capacidad como elaborador. Sin embargo, resume la jerarquía que aplica a su trabajo: primero están el lugar y la viña; después, el oficio de interpretar la cosecha.

Palacios no desprecia la tecnología. La considera útil para resolver problemas, ajustar procesos y evitar defectos. Lo que cuestiona es que una acumulación de recursos técnicos pueda crear por sí sola un gran vino. Para él, la elaboración debe ser artesanal, precisa y subordinada a la materia prima.

Su evolución también puede apreciarse en el uso de la madera. En los comienzos de Priorat llegó a vender barricas para financiarse y adquirió fama de conocerlas muy bien. Con los años, sus vinos han ido buscando recipientes mayores y una presencia menos evidente del roble. No se trata de eliminar la crianza, sino de impedir que su huella aromática o tánica se anteponga al viñedo.

Esta filosofía implica vendimias manuales, selecciones rigurosas, rendimientos moderados y una atención extrema a la maduración. No existe, sin embargo, una receta única aplicable a todas las parcelas. El momento de recolección, el porcentaje de racimo entero, la maceración o el recipiente de crianza dependen del carácter de cada vino y de cada añada.

Bierzo y el proyecto compartido con Ricardo Pérez

A finales de los años noventa, el sobrino de Álvaro, Ricardo Pérez Palacios, le habló de los viejos viñedos del Bierzo. Ambos fundaron en 1999 Descendientes de J. Palacios, nombre que homenajea al padre de Álvaro y abuelo de Ricardo.

El proyecto se estableció en Corullón, donde encontraron pequeñas parcelas de Mencía, muchas de ellas muy antiguas, repartidas por pendientes pronunciadas y suelos de composición variable. La fragmentación parcelaria que dificultaba el cultivo proporcionaba, al mismo tiempo, un extraordinario catálogo de exposiciones, altitudes y parajes.

Ricardo asumió el trabajo cotidiano del proyecto berciano. Álvaro siempre ha reconocido su papel como viticultor residente y socio, una precisión importante para no convertir una obra compartida en el relato de un único protagonista.

En Bierzo, la viticultura ecológica y biodinámica, el trabajo manual y la recuperación de parcelas históricas se combinan con una elaboración cada vez más delicada. Pétalos funciona como introducción al paisaje berciano; Corullón expresa el conjunto del municipio, y vinos como Moncerbal, Las Lamas o La Faraona descienden hasta la identidad de un paraje o una viña.

Esa organización no es solo comercial. Representa la pirámide territorial que Palacios considera necesaria para que el consumidor pueda comprender el origen y la singularidad de cada vino.

El regreso a Rioja y la reivindicación de la Garnacha oriental

La muerte de su padre llevó a Álvaro Palacios a implicarse de nuevo en Palacios Remondo. El regreso no supuso abandonar Priorat ni Bierzo, sino completar lo que él denomina su triángulo vital.

En Alfaro revisó el viñedo familiar desde la misma perspectiva aplicada en sus otros proyectos. Rioja Oriental posee menor influencia atlántica y un clima más mediterráneo que Rioja Alta. Palacios considera que, en las posiciones adecuadas, la Garnacha está especialmente adaptada a estas condiciones y puede ofrecer vinos con frescura, finura y carácter territorial.

Esta idea lo llevó a reorientar parte de las plantaciones familiares y a situar la Garnacha en el centro de vinos como La Montesa, Propiedad y, en el vértice de la gama, Quiñón de Valmira.

Quiñón de Valmira procede de un viñedo en altura situado en el monte Yerga, con suelos calcáreos. La parcela fue reconocida oficialmente como Viñedo Singular de la DOCa Rioja en 2022, según el listado publicado por el Consejo Regulador. DOCa Rioja

La importancia que Palacios concede a Valmira no reside únicamente en su rareza. El vino demuestra que Rioja Oriental puede producir Garnachas de enorme refinamiento cuando la variedad, la altitud, el suelo y la viticultura se encuentran en equilibrio.

Defender el pueblo, el paraje y la viña

Una de las ideas que Palacios expone con mayor insistencia es la necesidad de clasificar el viñedo español según su origen y calidad contrastada.

A su juicio, las grandes regiones europeas no se explican solo mediante una denominación regional. Su arquitectura distingue regiones, municipios, parajes y viñedos. El valor de una botella aumenta cuando su procedencia puede identificarse y protegerse de manera precisa.

Palacios sostiene que España conserva una extraordinaria constelación de pequeñas parcelas, fruto de herencias sucesivas y siglos de agricultura familiar. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX se impuso una estructura basada en grandes mezclas regionales y marcas comerciales. Ese modelo permitió sostener el sector y llevar vino al mercado, pero diluyó en muchos casos el nombre de pueblos y viñedos.

Su defensa de las clasificaciones territoriales no pretende copiar sin más a Borgoña. Recuerda que las antiguas etiquetas españolas también empleaban nombres municipales y que la organización por lugares forma parte de nuestra propia historia vinícola.

Priorat y Bierzo han avanzado en esa dirección mediante categorías territoriales. Rioja ha incorporado figuras como Vino de Municipio y Viñedo Singular, aunque Palacios reclama una jerarquía más ambiciosa y fácilmente comprensible.

Detrás de esta batalla hay también una preocupación social. Si una viña singular puede vender su vino con identidad y valor propios, aumenta la posibilidad de remunerar mejor al viticultor, conservar parcelas difíciles y evitar que el abandono rural borre un patrimonio irrecuperable.

Espiritualidad sin renunciar a la precisión

Pocas personalidades del vino utilizan con tanta naturalidad palabras como poesía, trascendencia o espiritualidad. En manos de otro elaborador podrían sonar a envoltorio comercial. En Palacios forman parte de un pensamiento coherente.

Para él, un gran vino no solo debe ser técnicamente perfecto. Debe conectar con una dimensión profunda del lugar y provocar una respuesta emocional. El paisaje, la historia de quienes trabajaron la tierra, la tradición monástica y la singularidad de la viña forman parte de esa experiencia.

Priorat estuvo vinculado a la Cartuja de Escaladei; las laderas bercianas se encuentran junto al Camino de Santiago y antiguos asentamientos monásticos; el monte Yerga conserva también una memoria cisterciense. Palacios incorpora esa historia a su interpretación del vino, aunque eso no significa que atribuya la calidad a fuerzas sobrenaturales. La dimensión espiritual aparece después de la geografía, la variedad y el trabajo, nunca en sustitución de ellos.

Su lenguaje puede ser enfático, incluso desbordante, pero convive con una observación minuciosa de suelos, exposiciones y maduración. El poeta no ha expulsado al técnico; sencillamente le ha recordado que un análisis de laboratorio no explica por completo por qué un vino conmueve.

Seis vinos esenciales para comprender a Álvaro Palacios

No son necesariamente los únicos grandes vinos vinculados a su trayectoria, pero estos seis permiten recorrer sus tres territorios y entender su pensamiento.

L’Ermita — Priorat

Su vino más emblemático procede de una ladera de Garnacha vieja situada en Gratallops, sobre suelos de pizarra y con orientaciones que moderan la exposición solar. La primera añada fue 1993. Se caracteriza por unir profundidad y concentración con una textura progresivamente más delicada. Más que potencia, las añadas contemporáneas buscan pureza, perfume, fluidez y una expresión precisa del viñedo.

Finca Dofí — Priorat

Fue el primer gran viñedo propio de Palacios en Priorat y ocupa un lugar central en su historia. Predomina la Garnacha cultivada en laderas de llicorella. Suele ofrecer fruta madura, hierbas mediterráneas, notas minerales y una estructura más accesible que L’Ermita, aunque conserva la energía y la profundidad características de los grandes Priorat.

Les Aubaguetes — Priorat

Su nombre alude a las pequeñas umbrías. Procede de una viña muy antigua, plantada en 1901, con Garnacha y Cariñena. Su orientación y la frescura del enclave producen un perfil contenido, floral y especiado, con tensión, taninos finos y una mineralidad oscura. Es uno de los vinos que mejor muestran la importancia de la exposición dentro del clima de Priorat.

La Faraona — Bierzo

La cima de Descendientes de J. Palacios nace en una diminuta parcela de Corullón, con cepas muy viejas y un suelo singular dentro del mosaico berciano. Elaborado principalmente con Mencía y otras variedades tradicionales mezcladas en el viñedo, destaca por su perfume, finura, textura sedosa y extraordinaria capacidad para combinar intensidad y ligereza.

Las Lamas — Bierzo

Procede de un paraje de Corullón con suelos de pizarra que incluyen componentes arcillosos. Frente al carácter más etéreo de La Faraona, Las Lamas acostumbra a mostrar mayor carnalidad, amplitud y profundidad frutal. Conserva, no obstante, la frescura y la expresión floral que caracterizan las mejores interpretaciones de la Mencía berciana.

Quiñón de Valmira — Rioja

Es la expresión más ambiciosa de la Garnacha de Palacios Remondo. Nace en un viñedo elevado del monte Yerga, en Alfaro, sobre suelos calcáreos. No responde al estereotipo de una Garnacha cálida y voluminosa: busca transparencia, flores, fruta roja, textura fina y una marcada sensación de frescura. Representa la reivindicación de Rioja Oriental como territorio de grandes vinos de parcela.

Vinos Top de Álvaro Palacios

L'Ermita
L’Ermita
Quiñón de Valmira
Quiñón de Valmira
La Faraona
La Faraona
Finca Dofí
Finca Dofí
Les Terrases
Les Terrasses

Una personalidad entre la ambición y la custodia

Álvaro Palacios ha recibido distinciones como el título de Decanter Man of the Year en 2015 y el premio Winemakers’ Winemaker del Institute of Masters of Wine en 2016. Institute of Masters of Wine

Los galardones reconocen una obra excepcional, pero su verdadera influencia se aprecia en otra parte. Contribuyó a demostrar que una comarca olvidada como Priorat podía situarse entre las grandes regiones del mundo; participó con Ricardo Pérez en la recuperación de los viñedos de Corullón; y regresó a Alfaro para defender la adaptación histórica de la Garnacha a Rioja Oriental.

Su personalidad contiene aparentes contradicciones. Es romántico, pero calcula cada detalle; habla de espiritualidad, pero exige clasificaciones administrativas; defiende la tradición, aunque fue uno de los grandes renovadores del vino español; y posee vinos extraordinariamente cotizados, mientras insiste en que la viña no pertenece plenamente a quien figura como propietario.

En una de las entrevistas lo explica al hablar con su hija: ellos tienen la suerte de trabajar L’Ermita y vivir de ella, pero deberán entregarla a quienes vengan detrás.

Quizá esa sea la idea que mejor resume su figura. La aportación de Álvaro Palacios no consiste solo en haber creado grandes vinos. Consiste en haber enseñado a mirar nuevamente las laderas, los pueblos y las viejas cepas españolas como un legado que merece nombre, protección y continuidad.

Entrevista de Decántalo a Álvaro Palacios

Interesante entrevista en Gratallops de Decántalo a Álvaro Palacios

Preguntas frecuentes sobre Álvaro Palacios

¿Quién es Álvaro Palacios?

Álvaro Palacios es un viticultor y elaborador español nacido en Alfaro en 1964. Desarrolla proyectos en Priorat, Bierzo y Rioja Oriental y está considerado una de las figuras más influyentes en la renovación del vino español contemporáneo.

¿Cuál es el vino más famoso de Álvaro Palacios?

L’Ermita es su vino más conocido. Se elabora desde 1993 a partir de un viñedo de Garnacha vieja situado en Gratallops, dentro de la DOQ Priorat.

¿Qué bodegas dirige Álvaro Palacios?

Está vinculado a Álvaro Palacios en Priorat, a Palacios Remondo en Alfaro y a Descendientes de J. Palacios en Bierzo, este último proyecto compartido con su sobrino Ricardo Pérez Palacios.

¿Por qué es tan importante para Priorat?

Formó parte del grupo de elaboradores que, desde finales de los años ochenta, recuperó viñedos, introdujo una viticultura más exigente y dio proyección internacional a los vinos de Priorat.

¿Álvaro Palacios es enólogo o viticultor?

Posee formación enológica, pero se define principalmente como viticultor. Considera que la calidad y la personalidad de un gran vino proceden ante todo del viñedo y del lugar.

¿Por qué defiende las variedades autóctonas?

Porque entiende que las variedades cultivadas durante generaciones han desarrollado una especial afinidad con el suelo, el clima y la cultura de cada territorio. En Priorat y Rioja Oriental trabaja sobre todo con Garnacha; en Bierzo, con Mencía.

¿Qué relación tiene Álvaro Palacios con Ricardo Pérez?

Ricardo Pérez Palacios es su sobrino y socio en Descendientes de J. Palacios. Vive y trabaja habitualmente en Bierzo y desempeña un papel esencial en la viticultura y elaboración del proyecto.

¿Qué significa para Palacios “beber lugares”?

Significa que el carácter de un vino no debe explicarse únicamente por la variedad. Su identidad surge de la relación entre uva, suelo, clima, orientación, altitud, historia y trabajo humano.

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